Madame Bovary: una mujer de nuestro tiempo

de-pub-mia-henry4-v2-bovary-0eed9cd7-4a34-4ef2-b305-6ab6cc6fdd62

Durante muchos años he pensado que no me gustaba Madame Bovary. Es más, durante muchos años he pensado que no me gustaba Madame Bovary porque Madame Bovary era una tonta y una egoísta y una caprichosa. Sentía verdadera antipatía hacia el personaje de Emma Bovary. Pero esa es la trampa de Flaubert: nos cuenta un problema femenino desde una perspectiva masculina, y hace que el personaje principal nos parezca absurdo, y por tanto también su problema.

Tal vez esto esté relacionado con el hecho de que los tres grandes personajes femeninos de la literatura del XIX—Madame Bovary, Anna Karenina y La Regenta—son tres mujeres histéricas (enfermas de los nervios), superficiales, e infieles. Y es que la locura ha sido la excusa perfecta para ignorar los problemas femeninos.

Durante muchos años he pensado que no me gustaba Madame Bovary, pero no podía dejar de pensar en ella. ¿Por qué? Porque todas las mujeres tenemos algo de ella, porque en nuestra sociedad todavía hay mucho de Madame Bovary.

Para mi gusto, en la mayor parte de las interpretaciones que se dan de Madame Bovary se hace demasiado hincapié en que Madame Bovary se volvió loca de tanto leer novelas románticas. Se nos muestra a Emma Bovary como un quijote femenino, alguien a quien “se le secó el cerebro” y que tiene una visión totalmente distorsionada de la vida. Alguien, en definitiva, que no vive en el mundo real: una enajenada.

Madame_Bovary-706775821-large

Hoy se estrena en los cines españoles (con un retraso que me deja pasmada) la adaptación al cine de Madame Bovary que realizó en 2014 Sophie Barthes. No voy a hacer una crítica sobre la calidad fílmica (sí diré que a mí me gustó, aunque esté algo falta de ritmo) sino sobre la calidad de la interpretación del relato. Sophie Barthes ofrece una interpretación femenina del relato de Madame Bovary que era necesaria. Es necesaria para que no sigamos viéndola como “una loca” e ignoremos que su problema es, en realidad, el de muchas mujeres. 

Madame Bovary ha recibido la educación habitual: se la ha preparado para ser esposa, para llevar el hogar. Se casa joven, para meterse en una relación y en una casa donde no se espera de ella que haga nada en absoluto. Su vida se ve reducida a un vacío, a un pasar de días sin ningún contenido—donde ella no puede ser de ninguna utilidad.

De este modo, Emma es una chica joven que no tiene nada a lo que dedicarse. Que se ve encerrada de golpe en una vida que no le ofrece ninguna satisfacción ni ninguna esperanza de progreso. Madame Bovary comprende, de golpe, que toda su vida va a transcurrir exactamente igual—que no tiene ningún futuro. Que cualquier progreso que ella pueda experimentar en la vida será en función del progreso que logre su marido en su trabajo. Ahora bien; su marido no tiene ninguna ambición, así que ella le presiona para que haga avances…con nefasto resultado.

1200

Emma Bovary, que no quiere estar atrapada eternamente, que no puede aceptar que su vida se reduzca a la nada, recurre a la estética para intentar salvarse a sí misma. Recurre al sexo, a las compras, al lujo. A cualquier cosa que le pueda hacer sentir una emoción. Y en ese panorama surgen un montón de hombres dispuestos a aprovecharse de su urgencia, de su vulnerabilidad, de su miedo.

Algo que siempre me había dejado ambivalente es que Madame Bovary espera que un hombre la salve, espera que un hombre la ame de verdad. Pero la adaptación de Sophie Barthes me hizo pensar algo nuevo: tal vez lo que frustra e indigna a Madame Bovary no sea que no la amen…sino que no haya nadie dispuesto a desafiar al sistema que la ha dejado encerrada.

Madame Bovary, con esta nueva interpretación, ya no es una loca, sino una mujer que es consciente de ser la víctima de un sistema que nadie quiere romper. Esto nos suena más, ¿no?

¿Acaso no tenemos miedo todas las mujeres de quedarnos encerradas en casa? ¿No tenemos miedo de convertirnos en un mueble del hogar sin ninguna utilidad? Queremos que se nos reconozca que tenemos deseos, sueños, sentimientos, ambiciones…que tenemos derecho a una vida que nos haga sentir satisfechas.

Como Madame Bovary.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s